Las mujeres ciclistas en Bogotá enfrentan estereotipos que han persistido durante generaciones. Nuestra sociedad ha asumido que no somos buenas conductoras, que necesitamos ayuda para conducir o que no es un rol que podamos desempeñar de forma natural. Pero eso no nos ha detenido.
Crecí soñando con moverme libremente
Desde pequeña sentí una fascinación por el movimiento. En mi casa, los hombres eran quienes conducían. En mi entorno, se esperaba que ellos fueran los expertos. Sin embargo, yo anhelaba tener el control, moverme con autonomía. Así nacieron mis primeros amores: los patines, las bicicletas, los autos y hasta los aviones. (Aunque esos últimos aún no los conduzco ).
Cuando comencé a usar la bici, sentí miedo. Me repetía: “eres mujer, ¿vas a salir en bici a las 10 de la noche? ¡Qué peligro!”. Pero ese “peligro” no se refería a la seguridad vial, sino a mi género. Lo mismo ocurrió cuando quise sacar mi licencia de conducción. Escuché comentarios como: “¿pero para qué?”. Más tarde, al manejar bicicleta, moto o carro, noté que la reacción de la sociedad era la misma: #teníaquesermujer.
Entre la ansiedad y la determinación
La experiencia más difícil llegó tras una crisis de ansiedad, la más fuerte de mi vida. Fue después de presenciar un accidente trágico frente a mi casa. La idea de conducir me paralizaba. Me sentía insegura, vulnerable, culpable por ser “muy sensible”. Incluso pensé en vender mi moto. Hasta que una amiga me dijo lo que necesitaba escuchar: “Puedes hacerlo, vas a poder. ¡Hazlo por ti!”.
Ese fue el punto de quiebre. Me di cuenta de que lo que está mal no es que seamos cautelosas, sensibles o analíticas. Lo preocupante es que se nos exija dureza, agresividad o frialdad para encajar en un modelo de movilidad violento. La violencia vial no debería ser el estándar, ni mucho menos una carga más que asumimos por ser mujeres.
La bici como herramienta de cambio
Las mujeres ciclistas en Bogotá demuestran cada día que otra movilidad es posible. Una donde se valore la prudencia, el respeto por la vida, la empatía y la autonomía. Nos movemos con fuerza, sí, pero también con propósito. Y lo hacemos en medio de estigmas, peligros y barreras culturales.Las mujeres ciclistas en Bogotá demuestran cada día que otra movilidad es posible. Una donde se valore la prudencia, el respeto por la vida, la empatía y la autonomía. Nos movemos con fuerza, sí, pero también con propósito. Y lo hacemos en medio de estigmas, peligros y barreras culturales.
Hoy, miles de mujeres pedalean por la ciudad no solo como medio de transporte, sino como acto político y cotidiano. La bicicleta es más que una herramienta de movilidad: es un símbolo de lucha, resistencia y libertad. Cómo lo contamos en nuestro blog sobre moverse distinto, la bici puede transformar nuestras ciudades, y también puede transformar la forma en que las mujeres ocupamos el espacio público.
Cambiar la narrativa: de estereotipos a derechos
Los estereotipos de género nos afectan en todos los ámbitos de la vida, pero en el transporte público y la movilidad urbana marcan una diferencia profunda. Desde decidir si caminar o tomar una bici, hasta enfrentar acoso o violencia en las calles. Las decisiones de movilidad están atravesadas por el género, y por eso es urgente visibilizarlo.
La agresividad y el salvajismo en las vías no deben ser la norma. La prudencia no es debilidad. Y la empatía no es un defecto. Son cualidades que deberían guiar nuestra forma de movernos, sin importar nuestro género.
Si quieres profundizar sobre cómo el transporte impacta de forma distinta a las mujeres, este informe del BID sobre género y movilidad ofrece datos valiosos sobre la realidad de muchas ciudades de América Latina.



